El largo sueño de tu nombre
El largo sueño de tu nombre – (Amaia Oloriz)
Largo
de café (a pequeños sorbos): ¡Podéis salir camaradas, somos libres!
Diario de un desconocido
“La guerra impregna la piel de todos
los soldados de un intenso olor a muerte del que ya no puedes desprenderte”.
El título de
Amaia Oloriz “El largo sueño de tu nombre” le viene como anillo al dedo,
pues se está refiriendo a todas aquellas personas, represaliadas de la guerra
que duermen el sueño eterno de forma anónima ( a pesar que siempre son y
serán recordadas), porque yacen en el lateral de una desconocida y solitaria
orilla de cualquier carretera perdida de España, en cientos de fosas, esperando
a ser despertados, liberados, para compartir ese sempiterno descanso al lado de
sus seres más queridos, y para que estos tengan un lugar donde recordarles,
llorarles o llevarles algunas flores cuando les de la gana, así de claro y
sencillo. Unos escondidos cuerpos que tienen todo el derecho del mundo a ‘salir
a la luz’, y en este relato, salen, en este relato encuentran por fin su
verdadero lugar, la paz que tanto ansiaban.
“Ha tenido suerte, pensó, en una misma mañana ha conocido el
rostro de su madre y el nombre de su padre”.
Suelo
devorar los libros, pero en esta ocasión este largo de café lo he saboreado a
pequeños sorbos, para sacarle el mayor provecho posible, para que nunca se
terminase, y me he dado cuenta de una cosa, necesita varias relecturas para ser
exprimido al máximo, porque hay mucho escrito entre renglón y renglón, esas
silenciosas voces que desde su oscura prisión dicen ¡estoy aquí!, ¡aquí sigo!, recuerda
que esta es una lectura que removerá las
extrañas de más de uno, con historias crudas y reales, para nada ficticias,
donde encontrarás la verdad y nada más que la verdad, aunque esa verdad duela.
Varias
historias que al final se juntan (cruzan) en una sola, dar nombre a esos
muertos que quieren despertar de su sueño, para irse a dormir a un lugar más
cercano y ameno, a un lugar mejor, cerca de las montañas y los valles que los
vieron nacer, el lugar de ese primer amor, el lugar de tus
primeros pasos, a ese lugar donde deberían haberse cumplido los sueños,
aquellas esperanzas rotas, que se quedaron en nada, donde la pena y la historia
son imposibles de borrar, por culpa de un histérico idealismo que sembró el
caos, creando la mayor tragedia de todas, que hermanos contra hermanos se
matasen en una discordia que aún perdura.
“Finalmente, censuraba los hechos acaecidos tras la fuga del
fuerte, que convirtieron a los pueblos de alrededor del presidio en cómplices
de la brutal represión ejercida sobre los fugados, condenando a sus gentes a
silenciar una verdad incómoda y peligrosa”.
Unos
personajes que poco a poco van encontrando su lugar en la historia, que se
ubican según se van produciendo los acontecimientos, y que me ha recordado un
poco a “Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez, quizás sea debido a la
transtextualidad de la literatura, porque los textos siempre te llevan a otros
textos, (en eso Borges era un genio), y el diario de un desconocido
llamado Fernando Lusarreta, da mucho de sí, mostrando verdades que muchos, a
pesar del paso del tiempo, quieren esconder.
También
otros actores van reconstruyendo su vida, como Mikel Unzu, que al final de el paso
definitivo para reencontrarse con Nerea, el amor de su vida. Las heridas se
curan, las cicatrices permanecen, aunque para muchos estas sean imborrables,
pero el sol sale todos los días, y ese sol puede iluminar con sus destellos aquel
camino que antes veías oscuro e impracticable, ‘post tenebras lux’, después
de las tinieblas, luz, y en ese aspecto Javier Lusarreta tiene mucho que decir.
“Una fina llovizna comenzó a empapar el suelo, grabando en la
tierra las huellas de aquellas personas que se niegan a olvidar la memoria de
hombres asesinados impunemente”.
Club de Lectura Asempa.
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