Azami
Azami – El club de Mitsuko (Aki
Shimazaki)
Largo de café: La misteriosa Mitsuko.
La
flor del cardo
“Me
llamo Azami y soy la flor que mece la noche, llora, llora en mis brazos. Aún
queda lejos el alba”.
Introductio:
Quien
piense que Azami es una historia triste y gris, un relato sobre el
fracaso personal, de una familia desestructurada, junto a una protagonista que
busca separarse de la sociedad, está muy equivocado. Azami es una
feelgood lit (historias de muy buen rollo), una narración sobre la resiliencia,
de cómo salir adelante frente a las adversidades, donde una mujer llamada
Mitsuko lucha por sacar adelante a su hijo, que es sordomudo, sopesando cumplir
su sueño, el sueño de ser propietaria de una
librería de lance, con ejemplares de segunda mano, especializada en filosofía.
Commentarium:
En este libro nos encontraremos con la primera parte de la pentalogía “La sombra del cardo”, e iremos conociendo a algunos de los personajes que más tarde aparecerán en “Hozuki, la librería de Mitsuko”. Es una historia fácil de leer, amena, sencilla de entender -vamos, que no es una enciclopedia-, convirtiéndose en un buen pasarrato para cuando vuelvas de trabajar y, estar entretenido (relajado), leyendo un buen rato en tu sillón favorito.
Post scriptum:
En
su interior veremos un mundo de relaciones familiares, chocaremos con la
frialdad y la llamada teoría del apego japonesa, sobre el amor y el desamor,
también tendremos tiempo para los recuerdos, esos que vienen y van, sobre todo
con los más ‘cabrones’, que son aquellos que permanecen y, no tienen
puñetera gana de irse. No te equivoques, te vas a encontrar con una historia
típica oriental, con el típico gato (llamado Sócrates) y que, en el mundo
japonés, sobre todo el literario, parece ser que tiene más de siete vidas, y
que a ese felino es muy probable que le gusten los libros, como a su dueña.
Vuelvo
a repetir una cosa, no es un libro culto, quien quiera este tipo de lecturas
que se compre una enciclopedia. Si después de tanto esfuerzo sigue teniendo
ganas de más, puede presentarse al concurso ese de la tele, donde intentas
comerte un rosco y que, por mucho que lo intentes nunca lo consigues, porque el
enorme prontuario (la maldita enciclopedia de los demonios) que te has zampado,
es muy diferente a la de ellos, porque por preguntas ponen melones, que son muy
difíciles de digerir.
Ultílogo:
Aki Shimazaki, la autora de este bonito relato nos
quiere dejar un punto bien claro, `la vida perfecta no existe’, eso es
un engaño más, como lo que nos encontramos en Instagram, ya que la vida es un
puzle donde tenemos que ir encajando las piezas, que en muchas ocasiones no
encajan en su sitio correspondiente, resultando todos los esfuerzos imposibles.
Sentimientos
íntimos, relaciones malvividas, mentiras, junto a mostrar una imagen que cara
al público no es la misma que la privada, pero siempre hay cosas que, en muchas
ocasiones y cuando menos lo esperamos, pueden resquebrajarse.





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