El diario a diario
El diario a diario – (Julio
Cortázar)
Minicuentos (40): La vida de un ajado periódico.
Historias
de cronopios y de famas
Vital introductio:
Cada
autor crea y da vida a los personajes que le da la gana, en eso consiste la
creatividad y también la imaginación. En este caso, el cronopio del cual
estamos hablando (menudo ‘palabro’), que no es ningún tipo de insulto,
es una criatura ideada por Julio Cortázar para su libro de relatos titulado
igual que el subtema que encabeza esta reseña, “Historias de cronopios y de
famas”, publicada en 1962 por la Ed. Minotauro, donde observaremos que, el
genial escritor argentino, sigue pasando de las convenciones sociales, lo cual
merece el mejor de nuestros aplausos, y en este cortísimo metraje, lleno de
microrrelatos y surrealismo, destacaremos uno de los minicuentos que allí
aparecen, el cual vamos a transliterar al dedillo, en esta silenciosa bitácora
que, algunos de vosotros leéis de vez en cuando, algo que es de agradecer.
Historiae:
“Un señor toma un tranvía después de comprar el diario y
ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario
bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas
impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el
banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta
que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas
impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se
convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y
lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y
en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que
sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis”.





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