El hijo de la lavandera

 



El hijo de la lavandera – (Ana María Matute)

 

Corto de café: Era un niño con la cabeza en forma de sandía.

 

Le tiraban piedras

 

Introductio:

   Hemos abierto la puerta de nuestra casa para entrar en un nuevo año, 365 días donde os deseo lo mejor de la vida, lleno de ilusión y alegría, donde todos vuestros deseos puedan hacerse realidad. Un año pasa y otro llega, que será ocupado por una de nuestras aficiones principales la lectura, así que, puestos manos a la obra, empezaremos el año con un relato corto titulado “El hijo de la lavandera”, que forma parte de los veintiún cuentos que Ana María Matute, la autora de “Nubosidad variable” reunió en “Los niños tontos”, allá por 1956, y cómo ella misma dice es un libro que habla sobre niños, no para los niños.


  “Al hijo de la lavandera le tiraban piedras los niños del administrador porque iba siempre cargado con un balde lleno de ropa, detrás de la gorda que era su madre, camino de los lavaderos. Los niños del administrador silbaban cuando pasaba, y se reían mucho viendo sus piernas, que parecían dos estaquitas secas, de esas que se parten con el calor, dando un chasquido. Al niño de la lavandera daban ganas de abrirle la cabeza pelada, como un melón-cepillo, a pedradas; la cabeza alargada y gris, con costurones, la cabeza idiota, que daba tanta rabia. Al niño de la lavandera un día le bañó su madre con el barreno, y le puso jabón en la cabeza rapada, cabeza-sandía, cabeza-pedrusco, cabeza-cabezón-cabezota, que había que partírsela de una vez. Y la gorda le dio un beso en la monda lironda cabezorra, y allí donde el beso, a pedrada limpia le sacaron sangre los hijos del administrador, esperándole escondidos, detrás de las zarzamoras florecidas”.



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