El final de la historia
El final de la historia- (Clark
Asthon Smith)
Corto de café: Extraviado en el bosque.
La
verdadera historia interminable
“La siguiente narración fue encontrada entre los
papeles de Cristóbal Morand, un joven estudiante de derecho de Tours, después
de su inexplicable desaparición durante una visita a la casa de su padre cerca
de Moulins, en noviembre de 1789”.
Refugiándonos
en antiguas y desconocidas abadías.
Introductio:
Nos adentraremos dentro del terror cósmico y la fantasía oscura, hacia el interior de esos impenetrables mundos,
que solo son conocidos, y salen a la luz gracias a la lectura, que siempre nos
acercarán hasta los lugares más inhóspitos de nuestra alma.
Todo autor tiene su círculo de amigos, el
de Tolkien estaba formado por C.S. Lewis, Francis Morgan, Lord David Cecil… y
así hasta un largo etcétera dentro de la denominada fantasía, pero en el
círculo del terror cósmico (al que nos vamos a dedicar hoy), entrarían claro
está Lovecraft, Clark Asthon Smith (el autor de este relato que vamos a
reseñar), August Derleth o Robert Black.
Scriptum:
Clark Asthon Smith fue un hombre hecho
así mismo, autodidacta y propietario de una mente privilegiada, dentro del
círculo lovecraftiano era conocido bajo el seudónimo de Klarkash-ton. “El
final de la historia” es una extraordinaria narración llena de misticismos,
terror y fantasía a raudales. Un joven pide refugio en una desconocida y
solitaria abadía, porque ha sido sorprendido en mitad de la noche por una
tormenta. Los monjes de Périgon muestran toda su hospitalidad al joven, que les
agradece la deferencia que han tenido con él, en especial con el abad, que
muestra ser gran conocedor de los libros, al igual que el joven, estudiante de
derecho en la ciudad de Tours.
«Este
fraile es probablemente tan buen conocedor de los libros como de los vinos».
Sin
embargo, todo cambia cuando don Hilarión el abad de esa orden benedictina, le
muestra un pequeño manuscrito que tiene bajo llave, advirtiéndole que era uno
de esos tesoros que nunca deberían de sacarse a la luz, como el ejemplar que le
estaba mostrando, a Histoire d’Amour, por Bernard de
Vaillantcoeur, que tiene un poco de mala fama, y del que solamente se conocía
un ejemplar, el que le estaba mostrando. Había que tener muchísimo cuidado con
él por la maldición que había caído sobre sus páginas. Ante la curiosidad del
joven el abad le prohíbe preguntar, no sea que la curiosidad pudiera matar al
gato.
La semilla ya estaba prendida y,
Cristóbal Morand empezó a realizar todo tipo de especulaciones referente a tal
maldito manuscrito. Pese a las advertencias del religioso, Morand cayó en la
maldita trampa de curiosidad y la tentación.
“Cristóbal, existen cosas que quedan más allá de tu
capacidad de comprender, cosas que no es bueno para ti que sepas. La fuerza de
Satanás se manifiesta de diversos modos, de maneras engañosas; existen otras
tentaciones además de las del mundo y la carne, hay maldades que no son menos
sutiles que irresistibles, y herejías y nigromancias que no son las practicadas
por los brujos”.
Cuando consigue leer el ejemplar, durante
una ausencia del abate, pudo al fin visionarlo, con lo que un nuevo mundo fue
abierto ante sus ojos. La lectura de una leyenda, más real que relato, le
alentó a llegar al final del mismo, y lo que allí descubrió fue increíble,
hasta tal punto que se puso manos a la obra, para salir en busca de las ruinas
-del Château des Faussesflammes- que mencionaban la historia, para vivir
la misma aventura que su protagonista.
“Ahora bien, estas ruinas, como decía el manuscrito, son
asaz antiguas y han sido evitadas por las gentes del distrito, porque leyendas
sobre un mal inmemorial están asociadas con ellas, y se dice que son la morada
de espíritus impuros, el lugar de reunión de brujos y súcubos”.
Tras un largo viaje por el interior, los subterráneos del vetusto castillo ruinoso, llegó hasta un lugar donde le esperaba una bella y misteriosa dama, que quería vivir una apasionada aventura con el joven, que cayó hipnotizado en sus brazos.
—Nuestra señora, Nycea, te espera —me dijeron. “Yo ya no
era capaz de asombrarme ante nada, sino que acepté mi situación sin preguntar
ni hacer conjeturas, como alguien que se resigna al despliegue de un sueño
delicioso. Probablemente, pensé, se trataba de un sueño, y me encontraba
todavía tumbado en mi cama del monasterio, pero nunca antes había sido
favorecido por visiones nocturnas de una belleza y claridad tan sobresalientes”.
Él, se arroja sobre el tálamo de Nycea
para vivir su pasión, sin darse cuenta, ciego por el momento, que en realidad
no lo estaba haciendo ante una bella joven, sino más bien ante una vampira, una
serpiente endemoniada, una lamia que buscaba hacerlo su esclavo para
siempre. Todo esto fue debido a la intervención in extremis del abad Hilarión,
que supuso lo que pasaría al captar la curiosidad del joven, también debido a
su ausencia del monasterio, defendiéndole, salvándole de esa mujer con cuerpo
de serpiente, que seduce a los hombres para beber la sangre, y que también
pueden ser conocidas como los primeros prototipos del vampiro. En resumidas
cuentas, seres terroríficos que hipnotizan a los incautos, que buscan chupar
sangre. Una vez en el monasterio, el abad le aclara las cosas, los sucesos, y
el porqué de su actuación:
“Sí, hijo mío, la hermosa Nycea que ha pasado la noche
entre tus brazos es una lamia, una antigua vampira que mantiene en estas
apestosas criptas un palacio de ilusiones beatíficas. El modo en que ella llegó
a tomar Faussesflammes como morada no lo sé, porque su llegada precede a la
memoria de los hombres. Es tan vieja como el paganismo; fue exorcizada por
Apolonio de Tyana, y, si pudieses contemplarla como realmente es, verías, en
lugar de su voluptuoso cuerpo, los anillos de una inmunda y monstruosa serpiente.
Todos aquellos a quienes ama y admite a su hospitalidad, termina al final por
devorarlos, después de haberles robado la vida y la fuerza con la diabólica
delicia de sus besos”.
Con la disculpa de regresar al hogar
Cristobal Morand abandona la abadía, una vez allí deja por escrito sus
aventuras, donde queda bien claro el recuerdo imborrable que le dejó Nycea,
donde también avisa cual será su siguiente destino, y son las ruinas del
Château des Faussesflammes, para descender a la cripta que hay en el interior,
y volver a encontrarse con la lamia, un monstruo con rostro falso de mujer que
le tiene completamente enamorado.
«No
temas. Volverás a encontrarme si eres valiente y tienes paciencia».
Si quieres leer el relato, lo
encontrarás en el siguiente enlace: https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/clark-ashton-smith-el-final-de-la-historia/22429/





Comentarios
Publicar un comentario