La nave blanca

 




La nave blanca – (H.P. Lovecraft)

 

Corto de café: Navegando por desconocidos mares, navegando por desconocidos mundos…

 

El guardián del faro

 

 “Soy Basil Elton, guardián del faro North Point, que antes que yo guardaron mi padre y mi abuelo. Lejos  de la costa se alza el faro gris, sobre rocas sumergidas y viscosas que se ven cuando la marea baja, pero permanecen ocultas cuando la marea sube”.

 

Introductio:

  Con la edad cambian los gustos, interaccionamos de otra forma y, sigues (por suerte) descubriendo cosas nuevas, que es algo maravilloso, como disfrutar de la vida según vas cumpliendo años, sobre todo vivirlos como te de la gana, pero vivirlos, aunque sea en un lugar alejado e inhóspito  como le sucede al protagonista del relato, que busca una vida algo menos monótona, porque siempre está rodeado de olas, brumas marinas y las constantes mareas en su sube y baja.

   En mi caso, y eso que vivo al lado del mar, mis descubrimientos tardíos han sido otros, Borges, Bioy Casares, Lovecraft, y por eso damos tanto la turra en este silencioso blog que algunos, de vez en cuando y con sobrada paciencia leéis. El maestro del llamado terror cósmico ha realizado/escrito relatos magníficos y estupendos, de esos que quitan el sueño y te curan del hipo, haciéndote ver cosas extrañas donde no las hay, llenándote de temor en noches que son tan apacibles que solo invitan a pasear, donde cualquier sombra, por muy pacata que sea se convierte en el peor de los monstruos más asquerosos y deleznables, vamos, de lo peor que te hayas echado a la cara.

 Sin embargo, el relato de hoy, al igual que “Polaris” pertenece al ciclo lovecraftiano de historias fantásticas denominado ‘ciclo de los sueños’, muy alejado del ya comentado terror cósmico, al que tanto nos tiene acostumbrados, donde Lovecraft nos rodea de fantasía épica, mitológica y espacios transversales, a los que es imposible llegar y atravesar, pero que según el autor, mediante el mundo de los sueños, puede estar al alcance de nuestras manos, así que, Randolph Carter en estos momentos se debe de estar dando saltos de alegría.

  Pero más maravilloso que el saber de los viejos y que el saber de los libros, es el saber secreto de los océanos”.



Argumentum:

  Viajaremos hasta un lejano e ignoto faro, donde el solitario y viejo habitante del mismo, ve cada noche de luna llena aparece ante sus ojos una misteriosa nave blanca, que puede llevarte/llevarle hasta lugares lejanos, muy lejanos, aquellos que solo están en la fantasía y sueños de nuestra imaginación, sobre todo en los hombres y mujeres que habitan en lugares apartados de la mano de cualquier dios.

  Una noche se arma de valor y decide abordar la nave, que en compañía de un ave del cielo, brillante y azul, que le sirve de guía espiritual, que está dirigida por un anciano barbudo de túnica blanca, que es el máximo representante de todos aquellos sueños que nos son inalcanzables, capitaneará el barco en un viaje hacia lo desconocido, que durará eones de eones, y que el mismo Basil Elton, el farero, nos contará en primera persona.

Ultílogo:

 Un viaje hacia mundos místicos, que todos, alguna vez en la vida hemos soñado con realizar, transformándose en un escape mental lógico, porque las quimeras quizás pudieran ser más tangibles de lo que pensamos, tan solo tenemos que traspasar esa invisible frontera, que separa nuestro mundo de otros, que quizás estén mucho más cercanos de lo que parece.

  Pero buscar nuestro paraíso particular también tiene sus peligros, no estamos exentos de ellos, porque todo tiene un límite, todo está permitido, claro está, hasta un determinado punto, que marcará el fin de nuestras fantasías. ‘No se puede desear más de lo deseable’, pues eso sería un grave error en el que podemos caer con facilidad, pero claro, esto también se nos puede escapar a nuestra corta comprensión humana.

Post scriptum.

  No quiero adelantar nada, ni hacer malditos spoilers, pero el relato tiene un final muy infeliz, podemos decir que trágico. Soñar puede ser muy bonito, y al despertar nos damos una buena hostia (con perdón) de cuidado, es decir, con la cruda realidad, ya que nadie puede vivir eternamente en un mundo lleno de fantasía (que siempre está muy presente en todo el relato y, en esta ya larga reseña) aunque Peter Pan puede ser la excepción a la norma.

   Si uno sueña demasiado puede perder el contacto con la realidad, Don Quijote es un claro ejemplo de ello, y si no hacemos caso de esto, podemos introducirnos en una oscura locura de la que nunca podremos salir, (eso lo sabe muy bien nuestro gran poeta del vómito y del ácido Panero, único e irrepetible) en una mágica e incomprensible ensoñación.

  Y en las últimas vigilias de la noche, cuando entré en la torre, vi en la pared un calendario que seguía igual que cuando lo dejé a la hora en que zarpé”.



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