El verdugo




El verdugo – (Silvina Ocampo)

 

Corto de café: La venganza del remordimiento.

 

La trampa

 


  “Como siempre, con la primavera llegó el día de los festivales. El Emperador, después de comer y de beber, con la cara recamada de manchas rojas, se dirigió a la plaza, hoy llamada de las Cáscaras, seguido por sus súbditos y por un célebre técnico, que llevaba un cofre de madera, con incrustaciones de oro”.

 

Introductio:

   ¿Qué sucedería si eres una gran escritora y vives eclipsada por las personas que te rodean? Eso es lo que le sucedió a Silvina Ocampo, la autora de ‘El Verdugo’, un grandísimo relato que hoy vamos a reseñar. Grandísimo porque, no hace falta escribir mucho, pasándote de páginas en cada novelón que garabateas, ni enrollarse como una persiana, como hace algún conocido autor inglés, con nombre similar al novio de Barbie, para sacarse de la manga un buenísimo relato.

Personalis sententia:

  Volviendo a los eclipses que ahora están tan de moda (cansados ya de la turra que nos dan, un día sí y al otro también los pesadísimos noticieros), Silvina vivió eclipsada por su hermana Victoria, su esposo Bioy Casares y, finalmente por el genio entre los genios, además de amigo, Jorge Luis Borges.

   El verdugo’ es un relato claro y conciso, sin pelos en la lengua, donde Ocampo muestra la realidad de su tiempo sin ningún tipo de tapujos, criticando los sistemas totalitarios de su época, allá por los finales de los maravillosos años cincuenta del siglo pasado, y sobre todo, esto hay que resaltarlo, se adelantó en describir los horrores que más tarde le tocó vivir a su país, dígase Argentina, pero también hay algo que no debemos pasar por alto, este dictador con un perfil muy, muy estilizado que describe en el corto relato, puede ser (es) una crítica muy sutil al gobierno de Perón, al cual se opuso con firmeza, y la narración de hoy puede ser un claro ejemplo del mismo.

  “Para celebrar mejor la fiesta, para alegrar al pueblo que había vivido tantos años oprimido, el Emperador había ordenado que soltaran aquel día los gritos de todos los traidores que habían sido torturados”.

Ultílogo:

   Los dictadores, normalmente, suelen morir en la cama y acompañados de sus seres más queridos, pero en la descripción de Silvina Ocampo, el tirano muere espasmódicamente delante de su ‘pueblo’, de su ‘público’, donde la mayoría allí congregada, celebra con alegría la muerte del déspota y opresor gobernante.

   Una fiesta patriótica donde el tiro le sale por la culata, dándole de lleno en plena cara, donde en el interior de un cofre de madera que guarda los gritos de los torturados, tomarán (cobrarán) su merecida venganza ante el asombro de todos los presentes, provocando multitud de opiniones. Un grito agudo y áspero se escuchará en la llamada plaza de ‘Las Cáscaras’.

 

Si estás interesado en la lectura de este relato, lo podrás encontrar en los siguientes enlaces:

https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/silvina-ocampo-el-verdugo/28258/

https://ciudadseva.com/texto/el-verdugo/

 

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