Araby
Araby - (James Joyce)
Corto de café: Perdiendo la inocencia.
La
calle North Richmond
"La
calle North Richmond, por ser un callejón
sin salida, era una calle tranquila, excepto a la hora en que la Escuela de los
Hermanos Cristianos dejaba libres a los chicos. Una casa deshabitada de dos
plantas se alzaba en el extremo de la calle, separada de sus vecinos en un
terreno cuadrado."
Introductio:
Es de noche, muy de noche, y termino de leer "Araby",
un relato que se encuentra en el libro 'Dublineses', a cargo de James Joyce, un
autor que he intentado leer varias veces sin éxito. Sin embargo con esta
historia, que leerla puede costarnos (según como se mire) unos ocho minutos,
puede hacernos cambiar un poco nuestra forma de pensar, porque de relato en
relato podemos conseguir leer un libro que antes era imposible.
Es un cuento de los que gustan, porque entre otras
cosas dice mucho en pocas palabras, con un gran trasfondo detrás, donde se pasa
de la niñez a la adolescencia, del amor al desamor, del encanto al tan temido
desencanto, de la gloria a la más absoluta de las miserias, dicho o escrito de
una forma un poco más grosera, del triunfo a la mayor de las mierdas, en fin,
la vida misma pero contemplada y visionada desde un no muy lejano 1914.
Argumentum:
¿Quién no se acuerda de su primer
amor? Hay cosas que, por muchos años que pasen nunca se olvidan. El despertar
al llamado amor puede resultar muy interesante, que consigue que viejas y
románticas baladas se anclen aún más en nuestro joven corazón, haciendo que
perduren para siempre, incluso más allá de la muerte.
Entonces aparece ese bazar llamado "Araby" y
lo cambia todo, pues se convirtió en un...
"Las sílabas de la palabra Araby me llamaban a través del silencio en el
que mi alma se deleitaba y arrojaban un encanto oriental sobre mí".
Un
encanto que al final no lo es tanto, ya que nos damos de bruces con un extraño
final, uno de esos que hay que leer entre líneas, ya que el romanticismo brilla
por su ausencia, en un "end on the road" que
uno no se espera, en esa epifanía llena de amargura, donde la inocencia de
golpe y porrazo abandona su brillo, para sumirnos en la más pura realidad.
Ultílogo:
No es oro todo lo que reluce, nada es lo que
parece, y el cristal es de diferentes colores, según en la forma como se mire
y, finalmente todas las ciudades tienen un prisma diferente, distinto, y en el
caso de Dublín Joyce nos lo descubre a las primeras de cambio.
"O si la hermana de Mangan salía a la puerta para llamar a su hermano a
tomar el té, la observábamos desde nuestra sombra mirando hacia arriba y hacia
abajo de la calle".





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