El hombre subliminal
El hombre subliminal – (J.G.
Ballard)
Corto de café: Una sociedad obsesionada por el
consumo.
Hathaway
¡Compra,
compra, compra!
“¡No
sea absurdo doctor! Si no puede confiar en sus propios sentidos, ¿Qué le queda?
Están invadiendo su cerebro”.
Scriptum:
¿Qué
nos pasaría como individuos si viviéramos en un sistema industrial
sobrecapitalizado? -camino de ello llevamos- ¿Qué nos pasaría como
individuos si, unos grandes carteles de colores llamativos, llenos de lucecitas
chispeantes que cada poco se encienden y apagan para llamar nuestra atención,
ponen delante de nuestros ojos anuncios atractivos, la mar de sugerentes, con
mensajes en clave para controlar nuestra mente subliminalmente?
“Miró
el perfil oscuro de la señal sobre el supermercado, las luces rojas parpadeando
en el cielo nocturno. Vacía y anónima, como una zona clausurada en una mente
enajenada, lo que más lo aterraba era su total anonimato”.
Explicatio:
Sería
bastante peligroso, que debido a los mensajes que anteriormente hemos hablado
un poco más arriba (bueno, más bien narrado en esa larguísima pregunta de la
introducción), efectuásemos unas compras, sin ton ni son, sin necesidad alguna
y, que en el mejor de los casos, no recordamos cuando las hemos realizado, un
control absoluto de nuestra mente, también de nuestras
reacciones, todo gracias a la publicidad, sin saber conscientemente como lo
hemos hecho, porque no había necesidad de algo en concreto, tan solo la simple
acción de comprar y gastarnos nuestros buenos dineros, con técnicas de venta
que pueden resultar (en algunos casos lo son) infalibles, con una rendición
total por nuestra parte. Esta es la evidencia que J.G. Ballard nos pone delante
mostrándonos un distópico mundo dominado por la publicidad.
“Los
anuncios han venido para quedarse. Sea como sea, no tenemos libertad de
elección. No podemos gastar más de lo que podemos pagar; las entidades
financieras nos lo impedirán enseguida”.




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