El conjuro

 



El conjuro – (Emilia Pardo Bazán)

 

Corto de café: Practicando antiguos ritos.

 

La última noche del año

 

Nosotros también hemos practicado extraños

ritos de brujería en este estudio desde el cual os escribo…

 

 “Se levantó el pensador de su antiguo sillón de cuero, bruñido por el roce de sus espaldas y brazos durante luengas jornadas estudiosas y solitarias, y, como quien adopta definitiva resolución, se acercó a la chimenea encendida. O entonces o nunca era la ocasión favorable para el conjuro”.

 

Introductio:

  Desde esta silenciosa bitácora no vamos a negar nuestra pasión  por doña Emilia, eso salta a la vista, al igual que también hemos repetido unas cuantas veces que, nos encontramos ante una de las plumas más valiosas e importantes que ha dado este país con forma de piel de toro.

 La Bazán (esto lo decimos sin ningún rasgo despectivo), tal y como decía mi profesora del antiguo bachiller, siempre sería “La Bazán”, un personaje único e irrepetible, insuperable tal vez, así nos lo inculcó y, así nos ha quedado grabado a fuego en la piel, después de tropecientos años y unas cuantas castañas encima, por el amor que nos contagió por el arte de leer (también reseñar) libros.

 “Una figura alta y sombría pareció surgir de la chimenea, y fue adelantándose hacia el invocador, sin ruido de pasos, con el avance mudo de las sombras”.

Argumentum:

 Nos encontramos ante un relato de miedo, terror y gótico, sí, digo bien, gótico, porque doña Emilia es una de nuestras góticas tenebrosas favoritas, y en ese aspecto hay bastantes (muy buenas todas), pero ella consigue sobresalir sobre el resto.

 Como estamos de repeticiones y de recalcar machaconamente las mismas cosas, esto les sucede a los malos alumnos que tienen que repetir curso, vuelvo a repetir lo mismo, en este gótico relato Pardo Bazán se acerca al mundo de la mística y la leyenda, mediante un relato sombrío, oscuro y lleno de ingenio, en una narración que cumple todos los requisitos que le gustaban a otra individuo también muy interesante, M.R. James.

  Este relato es perfecto para leer en una negra noche fría y lluviosa de invierno, en una hora muy cercana a las doce de la noche (como sucede en el texto reseñado hoy), y al calor de una buena chimenea en el dulce hogar. Un calor que se irá convirtiendo en escalofríos cuando quedes en la soledad de tu habitación, no importa que sea una mansión victoriana, un pazo gallego o la típica casona asturiana, pues el conjuro del protagonista rondará por tu cabeza, siendo imposible dormir.

Ultílogo:

 Dicen que es un relato confuso, aunque yo pienso todo lo contrario, es más bien inquietante, e incluso juega con el lector, que se imagina la aparición de un personaje totalmente diferente al que realmente contesta al extraño conjuro del protagonista, y lo que esperabas se convierte en todo lo contrario. ¿Se puede pedir más a un relato corto, donde la tensión existe hasta el punto y final? Solamente doña Emilia es capaz de esas cosas, siendo siempre fiel a su estilo.


Comentarios

(Entradas más populares) Si te apetece seguir leyendo...