El intérprete griego
El intérprete griego – (Arthur Conan
Doyle)
Corto de café: Una entrevista, un rapto, una huida.
Hay
mentes mucho más inteligentes que la nuestra
“Durante mi prolongada e íntima amistad con el señor Holmes, nunca lo había oído referirse a sus
familiares, y casi nunca a su propia infancia”.
Introductio:
Este
relato es el primero de toda la serie del genial detective (quizás, sino el
mejor, uno de los mejores de todos los tiempos), en el que por primera vez
descubrimos que el hombre de la pipa y el Stradivarius tiene un hermano mayor
llamado Mycroft, donde la mente más prestigiosa del momento reconoce que, es
mucho más inteligente -con diferencia notable- que él. Además, en más de
una ocasión (perdonarme la mala aliteración), para resolver algunos de sus
casos o pesquisas más insignes, le había consultado antes, para saber su
opinión, y que, normalmente, era la acertada.
Scriptum:
Todos
reconocemos que Sherlock es un tipo raro, pero raro, raro, raro de narices, eso
salta a la vista, por tanto, su hermano mayor no le anda a la zaga, siendo
todavía más rarísimo que su conocido familiar, ya que pertenece al Club
Diógenes, donde entre otras peculiaridades -que no son pocas-,
tienen como regla principal el silencio, como norma monacal más importante, y
si alguien tiene la ocurrencia de romperla, puede llegar a ser expulsado.
Pero,
cuidado. Creo que aquí hay gato encerrado y mucho, porque bajo mi punto de
vista, puede ser que este extraño lugar, sea el centro de encuentro de los
agentes del servicio secreto británico, y esto podemos entreverlo por el tipo
de trabajo que efectúa su hermanísimo, dígase Mycroft, que la verdad sea dicha
da mucho que pensar.
Pero… aún hay más: Hoy
no hay latinajos.
En
“El intérprete griego”, descubrimos muchas más cosas, no hace falta
correr mucho el telón para enterarse de las mismas, por ejemplo que Watson, su
querido y leal amigo está algo (muy) cansado de su colega Sherlock, siempre tan
metido en sí mismo y, tan callado para sus cosas, en especial las personales,
pues nunca habla sobre él, ya que Watson opina lo siguiente sobre su
característico y conocido amigo.
“(…)
llegué a considerarlo un fenómeno aislado, un cerebro sin corazón, tan carente
de simpatía humana como sobre saliente en inteligencia”.
No
solamente Watson estaba hasta los mismísimos sestercios de Holmes, también su
creador, Mr. Conan Doyle, que deseaba (hasta la saciedad de escribir siempre sobre
lo mismo, pero no le dejaban explayarse sobre otros temas,) de escribir sobre
otras cosas, como la historia, -aunque para mi gusto, escribiendo relatos de
miedo o de terror era un auténtico maestro, véase por ejemplo, “Lote nº 249”-, por eso llegó a decir a su madre de forma epistolar algo así:
“Quiero
matar a Holmes. Exterminarlo para siempre. Me distrae de cosas mucho mejores”.
En
fin, creo que todos, en algún momento de nuestra vida hemos pensado y deseado
matar a alguien, y quien diga lo contrario, miente.
Argumentum:
Un intérprete de griego tiene la mala suerte de ser
contratado, secuestrado y obligado a traducir en contra de su voluntad, en una
situación bastante extraña (misteriosa), que le escama.
Detrás
de toda esta incógnita Holmes descubre que hay una persona retenida en contra
de su voluntad, en el interior de una casa típicamente victoriana, ya que tiene
que firmar unos documentos a la fuerza, bajo coacción, a lo que no está
dispuesto, pagando las consecuencias.
La
historia se convierte en una verdadera carrera ciclista contrarreloj de primer
orden, porque el hombre atrapado en la amplia casa, puede ser eliminado a las
primeras de cambio, por tanto, intentan salvarle la vida, pero al mismo tiempo
hay que encontrar a los culpables, los responsables de este lío. Una trama que,
gracias a Holmes, va teniendo pies y cabeza.
Para
finalizar, como no quiero hacer spoilers, ya llevo unos cuantos, si quieres
saber la solución de este embrollo, no tendrás más remedio que leer este
relato, una aventura de la entrañable pareja, que tendrá uno de esos finales a
los que ya nos tienen tan acostumbrados, y de los que nunca nos cansamos.
Ultílogo:
Volver
a releer las aventuras de ídolos juveniles (niñez) del pasado, te hacen
rejuvenecer un poco, y retroceder unos cuantos años atrás en el tiempo, de vez
en cuando, merece la pena, además, cuántas cosas se pueden decir y contar en
unas pocas páginas, pues infinitas, como hace Conan Doyle. Siempre he sido un
gran admirador del cuento y del relato, a los cuentistas de tomo y lomo (en el
buen sentido literario de la palabra), algo que se puede ver y comprobar en
esta silenciosa bitácora que algunos leéis, pues es ahí donde podemos ver a los verdaderos y grandes autores. Decir
mucho en tan poco tiempo es muy difícil y, además, es un arte al alcance de
unos pocos, ya que en estas cosas no necesitamos tener ningún tipo de
intérprete.
“Mycroft
Holmes era un hombre mucho más corpulento y robusto que Sherlock. Su cuerpo era
absolutamente fornido, pero su rostro, aunque macizo, conservaba algo de la
agudeza expresiva que tan notablemente se apreciaba en el de su hermano”.




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