La célebre rana saltarina del distrito de calaveras – (Mark Twain)

 

Corto de café: ¿Existió alguna vez una rana saltarina?

 

Aburriéndose por América, languideciendo por Missouri

 

 "Cumpliendo la petición de un amigo mío que me había escrito desde el Este, visité al bonachón y parlero Simón Wheeler, y le pregunté por el amigo de mi amigo, Leónidas W. Smiley, según se me había pedido, y doy a continuación el resultado de mi visita".

 

Introductio:

 Cuando decidí introducirme en este relato, ya que el título me llamó enormemente la atención, no podía suponer que el autor, originario de Missouri, iba a escribir un verdadero desatino, una historia plasta, anodina, que me hizo bostezar a las primeras de cambio.

   Una historia muy americana, para gente muy americana, donde se nos muestra como era esa nación hace doscientos años, vamos que quien lo quiera leer tiene que tener en cuenta una cosa, está escrita para los amantes del tema, porque para el resto es aburrida hasta la extenuación, en cuanto a relato corto, tras su lectura a la cabeza me viene un solo pensamiento, es de lo peor que he leído hasta ahora.

  Dicen que esta historia fue escrita por un solo motivo, entretener, pero yo el entretenimiento no lo he visto por ninguna parte. Para la literatura americana es un clásico, sin embargo aquí puede resultar un auténtico dolor, una insufrible parrafada que no me ha llevado a ninguna parte, tan solo al insomnio total.

Post scriptum:

   La lucha de clases siempre existió y existirá. Los conflictos entre la élite y las personas normales y corrientes nunca pasarán de moda, estando a la orden del día, pues, no solamente es un invento de Mark Twain, pero relata bastante bien cómo era la vida en los pueblos en aquellos tiempos (lo que no quita que el relato siga siendo aburrido), la naturaleza humana es como es y punto.

   En fin, no siempre se puede estar en la misma línea, pero quiero resaltar que, salvo algún borrón, que no hay que tener en cuenta, el señor Twain es un excelente relatista.

  "Encontré a Simón Wheeler dormitando cómodamente junto a la estufa del bar de la vieja y destartalada taberna del antiguo campamento minero de Angel's, y noté que era gordo y calvo, y que tenía una expresión de dulzura y sencillez ganadoras en su tranquilo semblante".

 

 

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