Lugar soleado

 



Lugar soleado – (Yasunari Kawabata)

 

 

Corto de café: Una posada junto al mar.

 


Hinata 

 

  “En el otoño de mis veinticuatro años, conocí a una muchacha en una posada a orillas del mar. Fue el comienzo del amor. Y ese lugar soleado despertó un recuerdo por largo tiempo enterrado”.

 

Introductio:

  En una posada junto al mar pueden ocurrir muchas cosas, entre ellas encontrar el amor, volver a recuerdos del pasado, reencontrarse con uno mismo, y estar en un lugar soleado, durante unas buenas vacaciones, no es óbice para ponerte moreno, lustrándote el cuerpo con uno de esos colores de piel veraniegos que están tan de moda.

   En este relato, nos encontramos ante una historia muy introspectiva, en unas “Historias en la palma de la manoque te harán volver al pasado, tanto al reciente como al lejano, en una historia de soledad y aceptación de uno mismo, solo a través de la mirada, sin necesidad de que haya demasiadas palabras (para mí esto sería un problema, porque soy bastante parlanchín), aunque he de reconocer que las miradas valen más que mil palabras, y debe de ser lo último que debería existir, aunque con la mirada también podemos hacernos mucho daño, aunque en esta historia comprobaremos que es el caso contrario, en un pasado que, a medida que va transcurriendo la lectura se nos hace más presente que nunca.

Post scriptum:

   Este relato es bastante interesante, y del cual podemos aprender mucho, pues nos hallamos  ante un verdadero contraste, ya que hay ciertas culturas, como las asiáticas, donde mirar fijamente a los ojos (que es el comportamiento principal de nuestro mundo occidental, tan abierto y sociable) está considerado una falta de respeto, pudiendo llegar a pensar que es una conducta agresiva, y que la persona que la realiza posee o demuestra tener una falsa honestidad. Todo lo contrario a la nuestra, porque ese contacto visual, del que tanto disfrutamos demuestra por nuestra parte confianza, junto a una muestra de interés y sinceridad, dicho de otra forma, estaríamos mostrando empatía por la persona que en esos momentos nos acompaña.

  Esta mirada recurrente, intensa y repetitiva no es mal vista por la joven que deja pasar el tiempo tranquilamente, de forma pausada a orillas del mar, porque los ojos son los miembros del cuerpo que nunca envejecen, y el echo de perder vista con el paso de los años, no significa que nuestra mirada entre en la otoñal visión de la senectud.

  “Desde hacía mucho tenía ese hábito de fijar la vista en quien estuviera a mi lado, para su disgusto. Muchas veces me había propuesto corregirme, pero sufría si no observaba los rostros de quienes estaban cerca”. 

      

Ultílogo:

  Hay lugares soleados en el interior de nuestro cuerpo que nunca deberíamos de olvidar, y que esos lugares soleados que habitan en nuestro interior, deberíamos de visitarlos de vez en cuando, para que esos recónditos rayos del sol brillen en la parte más ignota y profunda del alma humana, trayéndonos hermosos momentos de felicidad que ya casi teníamos olvidados. 

   Si estás buscando una lectura que te de paz, tranquilidad y sosiego, como es esta, la podrás encontrar en el siguiente enlace: https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/yasunari-kawabata-lugar-soleado/689/                                      


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