Un regalo en el café de la luna llena

 



 Un regalo en el café de la luna llena – (Mai Mochizuki)

 

Largo de café: Un café que carece de ubicación fija.


Los mensajeros de las estrellas

 

Conocerte a ti mismo es conocer tus deseos más profundos.


 

“El remolque mostraba, cual emblema quizá, una luna llena, y ante el vehículo que tiraba de él habían colocado un cartel que rezaba: Café de la Luna Llena”.


Commentarium:

 Iremos directamente al grano y he de decir que, las expectativas que tenía puestas en el libro se han quedado en nada, convirtiéndose en un verdadero tostón de cuidado, porque de todos los relatos cozy, feelgood (o cómo los quieran llamar) que he leído hasta ahora, este ha sido el peor, malo de solemnidad, y el buenrollismo que lleva este tipo de lecturas se convirtió en pesadez.

  Es una lectura de autoayuda -totalmente a saco- para aprender a buscarse uno mismo, ha encontrar esa unión familiar que, en algunos momentos y por causas de la vida, tal vez por malos entendidos se rompe, como un jarrón de cerámica japonesa, fina, fina, llena de esbeltez y elegancia, que ella  intenta unir a base de lecciones astrológicas, platos mágicos y gatos parlantes, que si haces amistad con ellos te abonarán a esa buena suerte, de la que estás tan necesitado. 

 Una falsa fantasía que, bajo mi punto de vista sin ofender a nadie, pretende cogerte de la mano para llevarte al maravilloso mundo (para la autora) de la astrología, como lo pudiera haber hecho de la religión, la filosofía, las drogas o incluso, si me permitís el extremo, el suicidio, en este caso literario, pues ese ha sido mi caso, al no poder interactuar con el mismo.

Post scriptum:

  A un libro siempre le pido dos cosas, que me transmita y que me transporte, pero este malogrado ejemplar ha conseguido algo muy importante, elevarme al lejano mundo de insomnia, camino de los mundos imposibles, donde don Cloroformo, siempre presente, mi viejo profesor de lógica aristotélica, es el rey, disfrutando de lo lindo, al darme "caña" como en los viejos tiempos de estudiante, para que pudiera distinguir lo que es un buen pote de verduras con comer castañas, algo que agradecí, rejuveneciendo tantos años de golpe y porrazo.

Ultílogo:

 Lunas nuevas, lunas llenas, noches callejeras de Navidad para personajes solitarios, que lo único que necesitan es que los abracen... La lectura es un conglomerado de ñoñería, pacatería y simpleza cien por cien, cargado de estrellas, estrellados, signos astrológicos hasta la extenuación, donde solo se salvan las últimas páginas, que en realidad son las que preservan a este libro de cosas peores, pues dan un sentido final al mismo, donde una cafetería ambulante, con sus tés estrellados provenientes de Alfa Centauri, te harán escapar como alma que lleva el diablo.

  Para mí gusto es un conglomerado (y mira que me gusta este tipo de lecturas) de difícil digestión, donde las primeras páginas es una loa de aburrimiento japonés, que te estresa más que un atasco en el centro de Tokio en plena hora punta.


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