Las recetas perdidas de la taberna Kamogawa

 


Las recetas perdidas de la taberna Kamogawa – (Hisashi Kashiwai)

 


Largo de café: Detrás de cada receta siempre hay escondida una historia personal.

 

Una agencia de detectives muy culinaria

 

  Se trataba de un edificio antiguo y vulgar, con la fachada enlucida con mortero. No tenía ninguna gracia y, además, nada indicaba que albergara un establecimiento abierto al público: no tenía rótulo, ni la tradicional cortina noren. Sin embargo, delante se percibía el aroma típico de los restaurantes”.

      

 Regresamos por tercera vez a Kioto, la antigua capital de Japón, porque “la capital de la tranquilidad” será nuevamente una parte importante de la reseña de hoy, donde en una taberna desconocida para el gran público, pero no para todos, nos servirán el mejor omakase (1) de nuestras vidas. Mientras lo hacemos, olvidaremos por completo los famosos templos sintoístas de la ciudad, la temporada de sus cerezos en flor, el conocido sakura (2), y también el parque de Murayama.

  En nuestra conocida taberna, que ya forma parte de nuestras vidas (por lo menos para el que escribe en este silencioso blog), Nagare Kamowaga, junto a su hija Koishi nos harán disfrutar de la excelente cocina japonesa, también de la búsqueda de aquellos platos que han quedado en la memoria de sus clientes, porque, como bien decíamos al principio, detrás de cada receta, de cada plato que queremos recordar y, ha quedado para siempre en nuestras remembranzas, siempre hay una historia personal, que esta agencia tan peculiar gastronómica hace salir a la luz.

  “No sé si lo entiendo del todo —dijo Koishi frunciendo el ceño—. Pero bueno, dejemos eso por el momento y hablemos de lo que lo ha traído hasta aquí. ¿Qué plato está buscando?”

-Un kake-soba (3).

 

  Este ejemplar es el tercero de la exitosa serie, pues en esta bitácora ya nos han visitado, Los misterios de la taberna Kamogawa y Las deliciosas historias de la taberna Kamogawa”, por tanto no podíamos pasar por alto esta última entrega, visitando un lugar donde aquellos recuerdos borrosos que pululaban en nuestros más recónditos recuerdos, se harán más presentes que nunca, todo gracias a las recetas de Nagore, que investigará para conseguir aquel sabor que nunca habías olvidado, para hacerlo más actual que nunca, un viaje al pasado gastronómico, en la comida, el plato y en la cerámica japonesa, que irá haciendo su presencia a medida que avanzas en la lectura y el menú, aunque no seamos partícipes de manera literal, pero eso es lo que menos nos importa.

   Un relato que permanece fiel al particular estilo del autor y que no te defraudará, aunque para el lector quizás le pudiera parecer reiterativo y previsible, pero eso no es lo importante, lo verdaderamente reseñable es el buen rollo que trae consigo, esa literatura feelgood, buenrrollista, que te aleja de las amarguras de la vida, pues de esas, ya tenemos bastantes.

Post scriptum:

  Es una lectura para degustarla de forma pausada, que te hace buscar en tu interior cuál fue el plato favorito de tu infancia, aquel que nunca has podido olvidar, para volver a saborearlo.

  Este es un ejemplar que por estos lares es muy probable que no venda la hostia, a mí eso me da igual, porque te hará ver la vida de otra forma, sin las prisas, el estrés, las dificultades de este endemoniado mundo, una parte escondida de Japón, en una apartada callejuela, donde en una ignota taberna la vida puede verse de otra manera, abriéndote una puerta hacia la parte más dulce (sin necesidad de ser una pastelería de tu existencia).

Omakase (1):  Es una expresión japonesa que significa «lo dejo en ti», o «lo dejo en tus manos», y es usada por el cliente de un restaurante, generalmente de sushi, para indicarle al chef que prepare lo que él desee. El cliente no puede elegir, y debe aceptar el plato que le llegue a la mesa.​​ El precio de este excelente menú varía según la región donde uno se encuentre, pero está entre 100$ y 250$.

Sakura (2): Con este término se refiere principalmente a la flor del cerezo japonés. Es uno de los símbolos más icónicos de la cultura japonesa, que representa a la belleza efímera, la renovación y el inicio de la primavera. En Kioto suele ocurrir entre finales de marzo y principios de abril, siendo el punto álgido (mankai) habitualmente el 1 de abril. La primera floración comienza sobre el  25-26 de marzo y la floración completa dura entre 5 y 7 días, extendiéndose la temporada hasta mediados de abril.

Kake-soba (3): Es uno de los platos de fideos más tradicionales y reconfortantes de Japón. Consiste en fideos soba (hechos de trigo sarraceno) servidos en un caldo caliente llamado tsuyu, elaborado a base de dashi, salsa de soja y mirin.

 


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