El tesoro de los gibbelins – (Lord Dunsany)
El tesoro de los gibbelins – (Lord
Dunsany)
Corto de café: En el confín del mundo dicen que hay
una torre que está llena de tesoros.
El
caballero Alderic
“Es bien sabido que los gibbelins no
comen nada que sea inferior al hombre. Su torre maligna se halla unida a
la Terra Cognita, a las tierras que conocemos, por medio de un puente. Su
tesoro rebasa toda razón; la avaricia no encuentra en él utilidad alguna:
tienen un sótano aparte para las esmeraldas y otro para los zafiros; han
llenado de oro un hoyo y lo desentierran cuando lo necesitan”.
Breve introductio:
Sus historias tenían tanta tirada que se creó una gran legión de seguidores, entre los que se encontraban Lovecraft, Borges (el gran Homero argentino) y Tolkien, ahí lo dejo, por tanto, malo no podía ser, aunque dentro de este mundillo literario, nos podemos encontrar a más de uno que es malo de solemnidad.
“Su torre se alza al otro lado de aquel río conocido por Homero —ho rhoos okeanoio, como él lo llamaba—, que rodea el mundo. Y allí donde el río es estrecho y vadeable, fue edificada la torre por los glotones antepasados de los gibbelins, pues les complacía ver llegar fácilmente en barca a los ladrones hasta sus peldaños. Algún nutrimento que el suelo común no posee era extraído allí por los árboles gigantescos, que con sus colosales raíces lo drenaban de ambas orillas del río”.
Argumentum:
Lord Dunsany nos trasladará hacia un lugar,
concretamente un castillo muy antiguo, donde viven unos malvados seres (vamos a
llamarlos así), pero tú puedes nombrarlos como te de la gana, que son cabrones
de cuidado, bastante peligrosos y, que no se andan con chiquitas, al contrario,
no puedes fiarte un pelo de ellos, porque tienen muy mal talante, siendo
conocidos como los gibbelins, que por alimento tienen a la carne humana,
no solo eso, también son propietarios de un inmenso tesoro, situado en la torre
del antiquísimo castillo en el que viven, que se conecta o tiene entrada
mediante un punto que separa ese oscuro mundo en el que viven del nuestro.
El tesoro es en realidad una
trampa, un señuelo con el cual atraer a los incautos, también a los atrevidos y
osados caballeros que quieren -más bien desean- adueñarse de tal
fortuna, consiguiendo como triste premio ser carne alimenticia de estos
horribles seres, que utilizan (vuelvo a repetir) esas riquezas para atraer a
los ingenuos, que por avaricia (he aquí el quiz de la cuestión) se aventuran
hasta esos desconocidos lares, sin saber cuál va a ser el trágico final que les
espera.
“Podría
pensarse que, con el paso de los años y viendo los hombres los terribles
finales que hallaban en los muros de aquella torre, cada vez acudirían menos a
la mesa de los gibbelins; pero los gibbelins comprobaban que no era así”.
Cientos de ellos son cautivados
hacia el reino gibbelino, y todos, absolutamente todos con el mismo resultado,
que pasan a formar parte del menú principal de estos oscuros seres, que siempre
tienen un hambre insaciable, y no hace falta que vengan a por ti, ya nos
acercamos nosotros a ellos.
Ultílogo:
Como
suele suceder en toda historia caballeresca, siempre aparece uno que es más
listo y bueno que los demás, así que, acompañado de un dragón decide
arrebatarles el tesoro a los usureros gibbelins de los demonios,
enfrentándose con ingenio y sin temor a los mismos y, claro, las cosas, los
asuntos de las narices que uno tanto se ha preparado no salen como uno planea,
sino como el destino y las circunstancias quieren, por tanto Alderic, porque sí
se llama nuestro caballero en cuestión, pagará las consecuencias de su
arriesgada valentía, también las malas pulgas gibbelinas, en donde el final de
esta singular empresa no termina nada bien.
“Estaba
en el sótano de las esmeraldas. No había luz alguna en la elevada bóveda sobre
su cabeza, pero, tras bucear veinte pies de agua, sintió el suelo todo áspero
de esmeraldas y cofres abiertos llenos de ellas”.
Si tienes interés en leer este relato, podrás encontrarlo en
el siguiente enlace: https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/lord-dunsany-el-tesoro-de-los-gibbelins/25847/




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