Una joven en Tokio
Una
joven en Tokio – (Aki Shimazaki)
Corto de café: Paseando por la populosa capital nipona.
No-no-yuri
“Pero yo opino que no somos flores. Una
mujer debe embellecerse hasta el día de su muerte”.
No-no-yuri: Lirio del
campo.
“Es una planta muy
venenosa, incluso mortal”.
Introductio:
En la populosa
capital nipona puede dar lugar a múltiples historias, entre el intenso tráfico,
los vagones abarrotados del metro, junto a sus ‘oshiyas’, esos empleados
ferroviarios, encargados de empujar a los concurrentes viajeros, en las
terribles horas punta, donde tocas las pesadillas con las puntas de los dedos, cuando
el dichoso vagón está muy atestado, sobre todo en la estación de Shinjuku (yo
tenía un amigo que junto a su hermano trabajó en esa línea), sus grandes
corporaciones, con empleados trabajando a destajo de sol a sol, como verdaderos
esclavos de la compañía que les da de comer…, la práctica laboral tradicional del
‘ochakumi’, totalmente sexista, algo que uno quizás no se espera en una
sociedad tan culta y desarrollada (pero muy apegada a sus tradiciones), donde
se espera que las empleadas más jóvenes, o aquellas de menor rango, preparen y
sirvan el té a sus compañeros remolones, claro está que, tienen que ser masculinos
-no podía ser de otra forma- y superiores jerárquicamente.
Bueno, pues
en una de estas grandes y ricachonas corporaciones japonesas (dedicada a los
cosméticos), trabaja la protagonista de nuestra lectura, una hermosa joven
llamada Kioko, que tiene un cargo importante en una de estas importantes
empresas, que lleva una vida bastante liberal, que le gusta comprar y presumir
de ropas caras y de marca comprada en sus múltiples viajes, además, es una
asidua cliente del distrito de Ginza, el lugar más exquisito y exclusivo de
Tokio.
“No temo a la muerte, pero
no soporto la idea de envejecer”
Argumentum:
De
buenas a primeras nos vamos a encontrar con un gran contraste, y es una protagonista,
independiente, liberal, que vive muy a su aire, sin ningún tipo de compromisos
y, que choca bastante con un país tan tradicional como es Japón. La mujer tiene
que ser en todo momento sumisa, obediente, trabajadora y… siempre muy preocupada
de su casa, ya que la familia es lo más importante de todo. Algo que nos
recuerda los viejos tiempos, unos que vivimos por estos lares donde la mujer “era
el descanso del guerrero”.
Kioko
es una luchadora que intenta romper con esas normas y ser simplemente ella misma.
¿Es algún tipo de pecado vivir sin ataduras? Todo lo que tiene ha sido gracias
a su esfuerzo y tesón, también porque sabe moverse muy bien en esas aguas
movedizas que son los iluminados escritorios de los grandes jerarcas de la oficina
(rodeados de ese rimbombante diseño que te hace chirriar los dientes),
verdaderos reinos de taifas, donde cada uno, hace lo que le da la gana, sin
embargo ella, a sabido sobrevivir a esta pequeña gran selva llena de papeles,
ordenadores, órdenes y contraórdenes, junto a jefes que esperan sacar provecho,
mediante algún favor sexual, al que parece ser están acostumbrados, porque los ‘shanai-ren’ai’
romances de oficina, también conocidos como amor entre empleados de la misma
empresa están a la orden del día, pero cuidado, estos deben de permanecer en
secreto, porque pueden costarte el despido.
“Atraje la atención de todos y conseguí cautivar al hombre que me atraía y del que creo que me he enamorado”.
No
todo es de color de rosa, la llegada de un nuevo jefe trastocará una parte de
su vida, dando lugar a una mayor parte de la trama que como es de esperar, aquí
no voy a revelar, porque últimamente creo que estoy haciendo demasiados spoilers.
Post scriptum:
Aki
Shimazaki es una conocida autora japonesa, que en los años ochenta del siglo
pasado decidió marcharse a Canadá, dando clases de japonés y escribiendo en francés.
Mi bibliotecaria dice que, si escribe en francés ¿por qué sus libros están en el
apartado de literatura japonesa? Una gran incógnita que de momento ambos no
hemos sabido resolver.
Es
una conocida de este silencioso blog, bitácora que algunos leéis pues en estas
mudas líneas ya han aparecido títulos como ‘Suzuran’, ‘Azami’, ‘Hózuki, la librería de Mitsuko’ (una de las historias más bonitas que he leído), que forman parte de este particular mundo, la forma que
tiene la autora de ver y observar su ya lejano Japón.
“Lee en voz baja: ¿Por
qué os agobiáis por el vestido? Fijaos como crecen los lirios del campo, ni
trabajan, ni hilan…”





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