Cuentos para pensar




Cuentos para pensar – (Jorge Bucay)

 

Largo de café: Entre la paz mental y la tranquilidad del alma.

 

La mayoría de las cosas que nos rodean son efímeras

 

 

  “Todos los que hemos vivido buscando la verdad, nos hemos encontrado en el camino, con muchas ideas que nos sedujeron y habitaron en nosotros con la fuerza suficiente como para condicionar nuestro sistema de creencias”.

 

Introductio:

 Cuando cayó en mis manos este ejemplar de ‘Cuentos para pensar’ de Jorge Bucay tenía bastantes expectativas puestas en el mismo, y creo que ha pesado más la fama del autor que el libro en sí (que en ocasiones me ha aburrido bastante), porque para mi gusto tiene un ratio un poco bajo. Sí, ya se que es un libro de autoayuda, -y los libros de autoayuda solo ayudan a quien los escribe-, pero muchas de las historias me han parecido cansinas y repetitivas e incluso me atrevería a decir que… hasta pacatas.

  “Me parece útil recordar que el cambio sólo puede producirse cuando somos conscientes de la situación”.

   Cuentos para hacerte pensar, esto es una obviedad, cuentos para replantearte la vida, para verla y mirarla de otra forma, aunque esto en la actualidad parece bastante difícil, cuentos para transformar un mundo lleno de ruidos, prisas y distancias, sobre todo sociales.  Algunas de las pequeñas historias ya las conocía, pues han aparecido en este silencioso blog que algunos leéis, sin embargo otros me han parecido lentos, monótonos y empalagosos, quizás hasta repetitivos, siempre dando vueltas y más vueltas con el mismo tema.

Ultílogo:

 Pienso que, a lo mejor no era el mejor momento para leerlo, todos los libros tienen su momento en el tiempo, a lo mejor esperaba que me transmitiera y transportara, que son las dos cosas que de salida siempre pido a un ejemplar en el cual estoy interesado, a lo mejor pedía que me mostrara algo más de lo que lo hizo, a lo mejor fue como suele ocurrir en los matrimonios, en algunas historias de amor, la lectura se convirtió en “aquello que pudo ser y no fue”.

  Eso sí, me volví a encontrar con un viejo amigo de mi más eterna juventud, que vino de un pasado no muy lejano para hacerse presente, del que hacía bastante tiempo que no sabía, “Juan Sinpiernas”, que al parecer sigue estando en plena forma, y sabe perfectamente una cosa, si hay que serrar alguna pierna sabe que puede contar conmigo, porque me gustaría que, aunque solo sea por un día que, más de uno y de dos, sepa lo que es sufrir, sí, digo sufrir y vivir con una discapacidad.

 “Y entonces Juan Sinpiernas salió del consultorio del psiquiatra y volvió a su casa… Puso en condiciones su sierra eléctrica. Planeaba cortarles las piernas a algunos de sus amigos, y ‘fabricar’ así… algunos pares”.

 

P.D. En muchas ocasiones me he quedado con unas ganas tremendas de hacerlo...


 

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