El sastre de Gloucester

 



El sastre de Gloucester – (Beatrix Potter)

 

Corto de café: Había una vez un sastre en Gloucester.

 

Unos ratones muy revoltosos

 

 

  “En la época de espadas y pelucas, y abrigos de faldones completos con solapas floreadas—cuando los caballeros usaban volantes, y chalecos de paduasoy y tafetán con encaje dorado—vivía un sastre en Gloucester”.

 

Introductio:

 En todos estos años haciendo reseñas y, escondido tras las silenciosas líneas de esta bitácora, nunca había realizado una entrada sobre literatura infantil, salvo algún cuento (creo recordar ahora) que se me colaba durante la Navidad, a la cual últimamente le dedico algo de espacio en este ecléctico blog.

Personalis sententia:

 “El sastre de Gloucester” a cargo de la conocidísima, por lo menos en la tierras sajonas (no muy lejos de aquí) Beatrix Potter va a inaugurar esta sección, porque cuando se acerca la ya mencionada Navidad es tradición por aquellas tierras hacer la lectura de este cuento.

  Nos trasladaremos hacia el interior de una vieja tienda, donde un sastre ajado, pobre y más viejo que las carreteras del lugar, trabaja en el humilde oficio de sastre, -aunque es el mejor en su labor, es más pobre que las ratas-, y eso que los ratones que le rodean y moran por su hogar, serán quienes le sacarán de un tremendo apuro, porque tiene un gato algo ‘cabroncete’, y le arma una de cuidado.

  Los ratones agradecidos por un acto bastante solidario del sastre, que aquí no vamos a comentar, para eso tendréis que leer el relato, le echarán una mano, con un final de trompeta y de tambor, es decir, todos fueron felices, comieron perdices, y se dieron con el plato en las narices.


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