Conservación de los recuerdos
Conservación de los recuerdos – (Julio
Cortázar)
Minicuentos (55): Empaquetando los recuerdos.
Un
recuerdo de andar por casa
Cuando comparas a un ser ordenado
y organizado con otro que no lo es suelen pasar, e incluso suceder varias
cosas, algunas de aúpa, cuando cotejas comportamientos cartesianos, indisolubles,
que no dejan nada a la improvisación con personajes que son optimistas por naturaleza
y alegres, donde la desorganización, junto al buen humor son los reyes o reinas
de la casa, las diferencias suelen ser abismales, hasta podemos decir que
preocupantes, pero eso es lo de menos, a los cronopios les importa un bledo la preocupación,
ese malestar tan generalizado se lo dejan para otros, pues la despreocupación
en su caso, puede ser muy beneficiosa para la salud, el infarto de miocardio es
imposible que vaya con ellos. ¿Alguien duda de esto?
La dicharachería de unos se
enfrenta a la regia formalidad de otros, con dos puntos de vista diferentes
respecto a la vida. Unos piensan que viven en Marte y los otros… en las
Chimbambas Orientales, y todo este relato corto pero con mucho que decir, corre
a cargo de la pluma de uno de los grandes cuentistas de su tiempo -naturalmente
podemos decir que es el cronopio mayor del reino-, Julio Cortázar, que hoy
transcribimos en esta silenciosa bitácora que alguno de vosotros tiene la
paciencia de leer.
P.D. Cada uno de nosotros puede conservar sus recuerdos como
mejor le venga en gana, nadie obliga a nadie. Cada uno de nosotros en el interior
de su casa puede actuar de la forma que mejor le convenga, como le salga de las
narices, porque para eso es tu casa y, solo mandas tú.
“Los famas para
conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego
de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una
sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala con un cartelito
que dice: Excursión a Quilmes, o: Frank Sinatra. Los cronopios, en cambio, esos
seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre
alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo
acarician con suavidad y dicen: No vayas a lastimarte, y también: Cuidado con
los escalones. Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y
silenciosas, mientras en las de los cronopios hay gran bulla y puertas que
golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la
cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio”.



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