Primer día – (Ray Bradbury)
Primer
día – (Ray Bradbury)
Corto de café: Los recuerdos pueden ser un mal trago.
La
promesa
(14
de septiembre)
Algo más en el equipaje (1):
Esta entrada
puede contener spoilers.
"Charles
Douglas echó un vistazo al periódico mientras desayunaba y vio la fecha. Dio
otro mordisco a la tostada, miró de nuevo y dejó el periódico sobre la
mesa."
Introductio:
Esta semana, con miedo a cansar a los valientes y pacientes lectores que os aproximáis hasta esta silenciosa bitácora, aprovechando que se aproxima el comienzo del curso escolar, he decidido hacer dos entradas seguidas del maestro Bradbury, en especial esta última, que viene a cuento sobre los pasados y maravillosos (para algunos) días de escuela, instituto o universidad, eso qué más da, pero si estáis animados a leerla aquí os dejo la reseña. Muchas gracias de antemano, porque hay recuerdos que pueden acabar en lágrimas.
Personalis sententia:
Dicen
que ‘la nostalgia' es cuando deseas que las cosas permanezcan siempre
igual", según palabras de Jeanne Moreau, pero también es peligrosa cuando
los recuerdos te hacen ver precisamente eso, que todo cambia, que todo es
diferente y que el pasado es eso, solo pasado, algo que nunca podemos cambiar.
Esto es lo que sucede en el relato bradburyano "Primer día", cuando
el protagonista de la historia se mete una hostia de cuidado (con perdón, pero
es así) al recordar una promesa del pasado, efectuada cincuenta años atrás.
El
día de comienzo del curso escolar, a la hora del desayuno Charlie se acuerda
del juramento realizado mucho tiempo atrás, consistente en reunirse cincuenta
años después con todo el grupo de amigos a la misma hora debajo del asta de la
bandera del instituto, para saber cómo les había ido en la vida, y si todos sus
sueños se habían hecho realidad, en ese ineludible pacto de juventud que deben
de realizar.
Ni
corto ni perezoso se dirige hacia su objetivo con las expectativas bien altas, con
muchas ilusiones metidas en el maletero del coche, pero todo cambia con el
inexcusable encuentro, donde todos temen la verdad -dar la cara-, tanto la de
sus compañeros como la de ellos mismos, porque una cosa es lo que queremos ser
o conseguir durante nuestra mocedad y, otra bien diferente hacia dónde nos ha
llevado la vida. El denominado tren de la existencia siempre suele llevarnos
por caminos no deseados.
En
esos vitales instantes nadie decide tomar la iniciativa, no hay palabras, tan
solo un gesto común en todos ellos, porque el miedo les invade, el no haber
cumplido sus esperanzas y lo que se esperaba de ellos les aturden. Al unísono,
en un solo pensamiento, deciden regresar sobre sus pasos, mejor es el silencio
que saber la verdad.
"Charlie
miró al plato vacío que tenía delante, en el que cayeron algunas
lágrimas".




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