Un caso de tres perros
Un caso de tres perros – (S. J.
Bennett)
Largo de café: Un crimen en el palacio
A
veces, el tiempo volaba, y a veces se arrastraba…
“No
era así como la señora May había imaginado sus primeros días de primera
ministra: sacudiéndose como un perro labrador empapado antes de compartir
asiento con la soberana vestida con unas botas de agua prestadas y una chaqueta
impermeable”.
Introductio:
A lo largo de la historia de la literatura universal
nos hemos encontrado con grandes mujeres investigadoras, que han resuelto una
serie de intrincados crímenes bastante complicados y, en esta lista están
nombres como la Señora Pascal, Loveday Brooke, Lisbeth Salander, la
archiconocida Miss Marple, sin olvidarnos aunque no venga a cuento y sea
televisiva, de nuestra querida Angela Landsbury, la protagonista de la serie “Se
ha escrito un crimen”, de quien dice algunos de los personajes de este
libro que vamos a reseñar, que la detective perteneciente a la gran realeza
británica imita, y esta no es otra que Isabel II, la eterna reina (de aquella) de la magna y real corte inglesa, que tras su muerte muchos pudimos comprobar que el mundo no se había
detenido, no había llegado a su fin, que era lo que pensábamos algunos, porque
ella siempre sería eterna, incombustible e inacabable.
“Ella
solamente necesitaba seis habitaciones para su uso personal, y todas estaban en
perfecto estado; eran las setecientas setenta restantes las que precisaban
atención”.
Argumentum:
Una novela muy british para gente muy british, una
historia que parece coger fuerza en sus primeras páginas, y va desinflándose,
diluyéndose en la nada del universo, a medida que su autora, la conocida señora Bennett va
liando la trama, para perder al lector entre los largos, fríos y en algunos
casos oscuros, muy oscuros pasillos de palacio, que te hacen bostezar sin
descanso, porque el personal que por ahí pulula es estirado, aburrido y
simplón, convirtiendo las estancias reales en un verdadero zoológico.
“Precisamente
me estaba preguntando qué medidas habría tomado Mike Green al respecto. Ha
ascendido tanto que ha alcanzado su máximo nivel de incompetencia, es el típico
trepa. No es su primera cagada desde que ocupa el cargo”.
Total
que, entre un cuadro desaparecido mucho tiempo atrás, el Britannia, que
es el favorito de la reina y, al que le tiene mucho afecto, junto a la muerte
(asesinato) de una empleada mayor de su personal, hacen estallar una trama de
“excedencias”, un negocio muy fructífero para algunos debido a la mala
planificación interna, y gestión personal por parte de los Windsor, que dejan
todo manga por hombro, pero el cuerpo de la fallecida gobernanta, con muy pocas
amistades en el conocido palacio, tiene aún mucho que decir, pues guarda
(esconde al ojo humano) grandes misterios que resolver, como si fuera el
programa de una conocida cadena de televisión.
Con esta canción de los conocidos Rolling Stones termina el libro, una verdadera salvación tras el final tan atropellado del mismo. (Siento el spoiler, pero esa es mi opinión): "You can´t always get what you want".
Ultílogo:
Me gustó (por su originalidad) “Un crimen entre la realeza” de la misma autora, pero esta vez me ha parecido cansino y
reiterativo, con la reina Isabel II siempre presente -hasta en la sopa-.
El caso que sucede es que peca del mismo error del que abusan muchos de sus
compañeros literarios, no importa el país o el tema a tratar, ya que tienen por
costumbre, alargar y alargar más y más la historia, hasta que esta no de más de
sí, para resolverlo todo en las últimas hojas, algo que ya me sucedió con “La serpiente roja” de Peter Harris, llegando a cansar. ¿Es necesario llegar a
esto?, dando la sensación de que la editorial les paga por páginas o peor aún
por horas de ‘tecleo’ delante del ordenador, no por la historia en sí, que en
el fondo es lo que nos interesa, con el resultado final de que has creado un
ladrillo innecesario.



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