La serpiente roja

 




La serpiente roja – (Peter Harris)

 

Largo de café: Una historia de templarios.

 

Los secretos, deben de seguir bien guardados…

 


Esta entrada puede contener spoilers.

 

Viejos manuscritos de contenido escalofriante.

 

 “Apenas quedaba un atisbo de luz. El monje, con la capucha volada sobre el rostro y envuelto en su amplio manto, caminaba con paso presuroso sin dejar de lanzar furtivas miradas a su espalda”.


Breve introductio:

   La lectura es un largo viaje en el tiempo, que va desde el año 1114 en la ciudad de Troyes, hasta los primeros años del S.XXI, concretamente el año 2006, en la parisina capital francesa, donde un ajado, vetusto y maldito manuscrito (que a veces llega a ser cansino por su reiteración página tras página), que había pasado por las manos del famoso Bernardo de Claraval, figura principal dentro de la conocida orden cisterciense, -siendo el hombre que redactó la regla de los ‘Caballeros Templarios’-, traerá de cabeza a una orden secreta, conocida como ‘La Serpiente Roja’, cuyos antepasados pertenecieron al Temple, junto al Vaticano, a los protagonistas principales del relato y, finalmente, para cuadrar este extraño círculo histórico, a la policía francesa, en una leyenda, que como es lógico va unida a la consiguiente maldición de turno, que aparece vez tras vez de forma repetitiva, donde en este tipo de temas, los escritores suelen cansar la vista de sus pacientes lectores y, mira que me gusta el autor, pero en numerosas ocasiones, suelen ser bastante cansinos.


  “También se habla de una Serpiente Roja que se desenrosca a través de los siglos. Parece ser que dicha serpiente representa algo relacionado con un linaje familiar. Se alude a María Magdalena, como un vaso lleno de bálsamo, indicando que solamente los iniciados la conocen con su verdadero nombre”.


Commentarium:

   El problema es que todos los libros de este estilo son iguales, casi idénticos, y esta novela no tiene nada que ver con “El círculo Octogonus”, del mismo autor y que es bastante mejor, porque esta tiene un defecto (aunque su lectura sea amena), y es el final, ya que después de cientos de páginas dándonos la turra, matraca machacona con el mismo tema del manuscrito de los demonios que todo el mundo quiere poseer, todo se resuelve atropelladamente (pues se debió de dar cuenta que sobraban aproximadamente 200 páginas) en las últimas líneas, notando que tiene ganas o prisa por terminar la insistente historia, con ese gran defecto -que vuelvo a repetir, sin ánimo de ser cansino- de tener demasiadas hojas para nada, donde sobran una gran parte de las mismas.

Ultílogo:

   Me he cansado de tanto templario cabrón, enfadado con el mundo y el sistema, donde se van entremezclando varias historias paralelas, que te pierden entre las infinitas arenas del desierto, con lo que hace un poco plana la historia, una lástima, llegando a un final abierto, en que me matan al protagonista (algo que todavía no he logrado entender, aunque cada autor es muy libre de escoger el final de los “protas” de su historia, para eso el libro es de él), fastidiándome el final de la novela, después de haber conseguido llegar hasta las páginas definitivas, aquellas que indican el fin del relato.

   Este tipo de tramas, temas, aventuras o como le queráis llamar tuvo su tiempo, su época dorada, pero al final, nos atiborraron en exceso por culpa o gracias de un tal Dan Brown, y pagamos las consecuencias, creando una estela que se ha ido apagando para ciertos autores, sobre todo para los que siempre escriben de lo mismo o realizan sus trabajos por encargo, pagados por la editorial de turno, que lo único que consiguen es espantar al lector -líbranos señor de esta pesadilla-, que en mi caso me hacen poner pies en polvorosa, y eso que yo, deambulo con bastones, y cuando uno se encuentra con estos casos, me convierto en un verdadero sputnik.

Post scriptum:

   En resumidas cuentas, demasiadas venganzas (joder con los templarios y sus descendientes), que poco a poco te van decepcionando y, por mucho que el autor líe la trama hasta la extenuación, creo que, desde la mitad del libro, tiene un final bastante predecible, solucionándolo todo en quince líneas, en fin, al final del todo, la lectura me ha resultado frustrante.


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