Luz de luna
Luz
de luna – (Cixin Liu)
Corto de café: Todo puede suceder en una noche, o no.
Sí,
dígame
“Por primera vez desde que
alcanzaba a recordar, vio la luz de la luna bañando la ciudad. (…) Al mirar
desde el balcón de su unidad de residencia monopersonal, descubrió que los
promotores de la petición estaban equivocados sobre el efecto de la misma. La
ciudad a la luz de la luna no se parecía en nada al escenario idílico y
encantador que habían imaginado, sino que más bien se asemejaba a unas ruinas
abandonadas”.
Introductio:
Para mí
puede resultar bastante complicado hablar sobre este autor cuando no había
leído nada de él, y mira que vende y tiene legión de admiradores por todo el
mundo, pero nunca había llegado la ocasión hasta ahora, que me animé con este
relato, que el muy condenado me llamaba desde hacía tiempo y yo, en mi indolencia,
no le hacía demasiado caso.
Argumentum:
En “Luz
de luna”, que tiene título de las viejas canciones de antaño nos
encontraremos con un pasado-futuro que entablan relación en el presente. Un
hombre del futuro llama a su otro yo del pasado para advertirle sobre
los problemas en que se encuentran debido al uso y abuso de los combustibles
fósiles, que ha traído la desgracia por el calentamiento global, ¿os suena eso
de algo?, y tienen que jugar (en un principio puede gustar mucho, pero al final
el juego se convierte en una mierda) a ser Dios por un día, por unas
horas, para solucionar el desastre ocasionado, los problemas que han creado,
errores más bien del pasado, pero que, por culpa del espacio-tiempo, siempre
están presentes.
Su otro
yo, mediante el uso de la alta tecnología le envía soluciones, todas muy técnicas
y en teoría nada dañinas para el planeta para revertir la situación caótica del
mundo en el cual vive, que él mismo debe poner en marcha (práctica),
pero todas ellas -no vamos a decir cuáles para no hacer espóiler- tienen un
gran problema a largo plazo, vienen acompañadas de sus “contras”, que
como siempre hace el hombre (que ya había eliminado el lado positivo del
asunto), se reitera en sus errores y, vuelvo a repetir que el abuso, conlleva a
largo plazo la problemática del mismo.
Su otro
yo le envía tres posibles soluciones, cada cual más notable y en principio
eficaz, que al final se convierten en tres inviables puestas en marcha, porque
la mano del hombre los convierte en fracaso, el bien y el mal, ese ying-yang
que nos acompaña siempre, luces contra sombras, éxito contra fracaso.
“Pero
lo que nos estás pidiendo es incluso más imposible. El mundo se vendrá abajo si
lo dejas sin carbón, gas y petróleo durante solo una semana”.
Post scriptum:
Me
he encontrado con un relato que no es una distopía o tal vez sí, depende de cómo
lo mires, pero sí pudiera ser una pura realidad, totalmente palpable, con una narración
llena de pesimismo en cuanto al futuro. Una historia que sucede en una noche,
la correspondiente al Festival de Otoño, mientras el protagonista observa la
luna gracias a “una iniciativa nacida en internet había propuesto que se
apagaran algunas de las farolas de las calles y la mayor parte del alumbrado de
jardines y parques, para que los vecinos pudieran disfrutar de la luna llena”.
Recordar,
en una noche puede pasar de todo, pero a lo mejor no ocurre nada, podemos
dar mil vueltas al mundo, pero este maldito mundo siempre seguiría en su lugar,
ni tan siquiera cambiar un ápice, podemos jugar a ser dioses y nos
convertiremos en demonios, porque al final tal como dice el autor, no ha pasado
nada, y nada, es nada. Ahora bien. ¿Podemos intervenir en los asuntos de
este mundo y cambiar los acontecimientos de la historia?






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