Cuatro destinos y una Nochebuena

 



Cuatro destinos y una Nochebuena – (Cherry Chic)

 

Largo de café: Cuando las Navidades se te hacen insoportables.

 

Hay cosas que nunca cambian

 

 “Cuatro horas. Solo llevamos cuatro horas de camino y ya hemos parado dos veces. He oído llantos suficientes para un siglo entero y la tensión me ha paralizado la espalda en tantas ocasiones que he dejado de contarlas”.

 

Esta entrada pudiera estar un poco novelada,

y es muy posible que su autor en algunos aspectos

no piense lo que escribe, pero ha sido abducido por un espíritu

algo umbraliano.

 

Personalis sententia:

  Sábado, día de descanso, toca un espectacular bol, lleno de palomitas, manta, sofá en una cargante y cansina tarde, dominada por la acostumbrada, somnolienta y acostumbrada película de Antena 3, que vez tras vez (hasta la saciedad) repone las mismas películas que te atolondran, donde se nos atiborrará a la fuerza de un agrio vino que no queremos, en una cantidad tan grande que es capaz de emborrachar a todos los invitados de una boda.

  Esto es más habitual en una época del año que a la mayoría de la gente les encanta, la Navidad, paraíso de lucecitas, papel de regalo, mercadillos y la madre que nos parió, pues en ella se nos ofrecerán esos films llenos de villancicos gilipollas, falsas bienaventuranzas, frases manidas, ese ridículo jersey rojo que hace juego con el más hortera de los pijamas, donde todo es paz, amor simplón y el antiguo canal Plus en el salón.

 Luego, tras un empalagoso argumento (el resto del año nos martiriza con películas de psicotizados y mujeres malignas pasadas de rosca), te asomarás a la ventana para refrescarte, esperando una bonita lluvia de gominolas, encontrándote con la más pura realidad, el ficcionado mundo de un globo, dos globos, tres globos que te han ofrecido, no sin antes haberlo pagado tragándonos un montón de anuncios para aburrir, con lo que podemos llegar a la conclusión de que todo es una verdadera mierda.

  Lo que más me encanta de la Navidad es que, por mucho que se esfuercen los amantes de la misma en que todo salga bien, viene el cuñado de turno y todo lo jode, bueno ya sabéis, papá Noel nunca ha dormido en casa, ni dormirá vamos, no sea que le caigan unos palos de aúpa.

Ultílogo:

 Una lectura fácil, sencilla, para nada enciclopédica, muy alejada de los agotadores ensayos de rigor, que en muchas ocasiones nos tocan las pelotas en demasía. Ejemplares que a las editoriales les encanta publicar, porque es una buena forma de hacer caja, que a muchas buena falta le hace, porque publicar libros es un negocio muy jodido y no se puede ser una ONG.

  La autora ha dado con la tecla (enhorabuena), encontrando una serie de historias y personajes que gustan al gran público saltando desde las redes sociales a la tan esperada fama -que lo conseguirá-, donde el boca a boca a hecho el resto, por mucho que le joda a un escritor famoso, ganador de algún nadaliano premio, que le fastidia que los “letraheridos de turno” escriban mejor que él, ganando algún que otro galardón, por muy nimio que sea, y que él ansiaba con ganas, el resto, según su opinión, somos ‘escritorcillos de tres al cuarto’, incapaces de vender más de trescientos ejemplares, algo que si ha conseguido Cherry Chic, y que es muy probable que a él le fastidie bastante, a lo mejor le quita una pequeña parte -muy grande para este personaje- del llamado pastel literario, que solo se quiere zampar él. Esconder la bebida por si de imprevisto se presenta en vuestra casa, pero tranquilos, su arrogancia llamará antes a la puerta, no tengáis miedo.

  No me gusta este tipo de literatura, que no es feelgood lit (buenrollista) aunque lo parezca, como tampoco me ha llamado la atención el argumento, mi rollo es otro (eso diría un pasota en los años ochenta), pero mis felicitaciones sinceras por escribir lo que le gusta, cuando le gusta y como le gusta, pasando de las críticas estúpidas y feroces que le pudieran hacer individuos mediocres y tocanarices como yo, que ha estas alturas de la vida, entrado ya en cierta edad sigue buscando su Aleph particular por muy escondido que se encuentre.





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