Instrucción de novicias
Instrucción de novicias – (Ana Garriga
y Carmen Urbita)
Largo de café: Una lectura para nada fascinante.
Entre
claustros e inquisidores
«Detrás
de los muros de un convento, reina el silencio, solo salpicado por el murmullo
de las oraciones o los melismas de los cantos litúrgicos. O así es como solemos
imaginarlo, pero la realidad es otra”.
Personalis sententia:
Es un título atrayente pero de espantosa lectura,
perdiéndome entre los fríos pasillos de los conventos del barroco, y dándome de
cabezazos entre sus mohosas y lóbregas paredes, no sabiendo si soy novicia o
madre superiora, si me critican o me acechan, sin poder expresar mis
pensamientos por escrito, debido a que un fraile cabrón, dígase el inquisidor,
envidioso de turno, no quiere que mis pensamientos salgan a la luz, porque
quizás vayan contra todo lo establecido.
En fin, su lectura (hasta
donde he llegado, porque me ha resultado imposible continuar, válgame cualquier
dios), ha sido un terrible vagar por el desierto conventual, donde el paso de
los siglos, renglón a renglón, se ha convertido en una verdadera losa que es
imposible de levantar.
Ultílogo:
Aburrido
y pesado hasta la extenuación, madre de Dios, un escrito del cual no hay nada
reseñable, salvo la crítica por mi parte, al perder el tiempo en este tipo de
lecturas, que pueden gustar a otros, pero no ha sido mi caso, otra vez será. He
leído por ahí que “esta obra está bendecida con el dudoso don del llanto”
y cuánta razón tiene…, yo también lo dejé en la página 70, caray, no debo de
ser el único.
Un
apunte más, por eso la gente deja de leer, debido a que las editoriales
publican este tipo de libros tan cargantes y benzodiacepínicos, verdaderos
ladrillos del brutalismo constructivo, que aprovechan ciertos momentos, realizados
para vender y hacer caja. Las únicas culpables de que suceda esto son ellas
mismas, así que, ajo, agua y resina.




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