Seda
Seda – (Alessandro Baricco)
Largo de café: Viajando a un ignoto lugar del Sol Naciente.
Gusanos
de seda
La importancia de la
mirada, la importancia del silencio…
“Aunque
su padre hubiera imaginado para él un brillante porvenir en el ejército, Hervé
Joncour había acabado ganándose la vida con una insólita ocupación, tan amable
que, por singular ironía, traslucía un vago aire femenino.”
Introductio:
Todos
tenemos nuestras obsesiones, unas que son más oscuras y sin embargo hay otras
que son más visibles, no hace falta esconderlas al crítico ojo humano. Eso es
lo que le ocurre a un comerciante francés que responde al nombre de Hervé
Joncour. No estamos hablando de esta vertiginosa era presente, sino del S.XIX,
donde este mercante y negociador personaje se obsesiona por una mujer, cuando
viaja al Japón de su tiempo para comprar huevos de gusanos de seda.
Un
viaje que nos llevará desde el pequeño pueblo de Lavilledieu al país del Sol
Naciente, un ignoto Japón que abría sus puertas al mundo, un territorio
atrayente, casi inexplorado y, que hoy día, sigue siendo para una gran parte
del mundo un auténtico desconocido.
Una
mujer que le obsesiona por completo, pasiones ocultas que quedan en la
distancia y, una historia que se desarrolla con la misma lentitud, con el mismo
ritmo y tempo con que se fabrica el codiciado tejido de los gusanos de seda.
Personalis sententia:
Es una novela (corta) de fácil lectura, pues sus capítulos
son también cortos, que se leen cómodamente, es decir, nada cansinos, algo que
ocurre de forma habitual con los ladrillos a que nos acostumbran últimamente
las editoriales, que son verdaderos somníferos literarios. Podemos decir que “Seda”
es como nuestra propia existencia, un viaje iniciático, en un melancólico
recorrido entre el pasado, un efímero presente, que no nos lleva a ninguna
parte, y por último, un futuro que no existe, aunque siempre esté ahí presente
en nuestros pensamientos más incógnitos, y que en este caso es ocupado por una
conocida frase muy popular, es… “lo que pudo haber sido y no fue”.
Nuestros
deseos más profundos son como los sueños, efímeros, porque cuando despiertas y
te das cuenta de que todo es inexistente, impalpable, porque lo que hemos vivido
y sentido entre los brazos de Morfeo (ese que nos jode -perdón por la expresión-
nuestras más irreales fantasías) son imposibles en la vida real, vaya por dios.
“Le estaba mirando, con
ojos completamente mudos, a una distancia de siglos”.
Hay
sueños recurrentes, como recurrente es el encuentro del protagonista con una
hermosa joven que le trae de cabeza, consiguiendo una silenciosa relación, en
la cual no hacen falta las palabras, donde una mirada es la mejor forma de
contacto, y de comunicarse, no hace falta más.
Ultílogo:
“Mil veces buscó los ojos de ella y mil veces ella encontró los suyos. Era una especie de triste danza, secreta e imponente”.
Es
una historia de amor, de sentimientos imposibles pero que siempre permanecen y
no se olvidan, unos reconcomios que no se puede luchar contra ellos. En resumidas
cuentas, bajo mi punto de vista es el relato de un fracaso, también de una
cobardía, una nostalgia que le acompañará siempre.
Club de lectura Asempa




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