La ciudad y los perros





   La primera vez que leí esta novela me pareció magistral, y tras una segunda lectura un montón de años después sigo pensando lo mismo, a pesar de sus giros, localismos y jergas, que en ocasiones pudieran hacer un poco pesada su lectura considero que el libro no tiene desperdicio. 

   Comentaros que era la primera vez que me enfrentaba a una “lectura electrónica”, ya que me regalaron un ebook para el “Día del Padre”, y tenía que estrenar este maravilloso presente, aprovechándolo al máximo. La elección de este libro vino motivada porque quería volver a leer a esos autores pasados, que mucho tiempo atrás me habían encantado. Además, es un escritor que por su forma de ser, y la vida que lleva actualmente hace que no me caiga muy simpático que digamos, o sea que tenía otro aliciente más para ver si podía con dicha lectura, pero pienso que lo más importante de un autor es su obra, y no su vida privada.


Distrito de La Victoria (Lima-Perú)

“Soy muy torpe”, pensó Alberto. Sentía los pasos menudos de Teresa en el empedrado, dos por cada uno de los suyos, y la veía, la cabeza inclinada, los brazos cruzados sobre el pecho, la boca cerrada.

Pero él sabía que estaba   en el distrito  de La Victoria, por el olor a comida y bebida criollos que impregnaba el aire, un olor casi visible a chicharrones ya pisco, a butifarras y a transpiración, a cerveza y a pis.
(En el distrito de La Victoria se encuentra el burdel más famoso de la ciudad.)



   Con esta novela Vargas Llosa rompe para mí un estereotipo, como es el de fijarse siempre, cada vez que se quiere describir a una generación, da igual la época el de poner como modelo al mundo sajón, y traspasándolo a nuestros tiempos, uno ya empieza a  estar muy harto de tanto “niño pijo” en Sensación de vivir, Melrose Place, y demás idioteces por el estilo. Jóvenes americanos de buena familia, muy prometedores ellos, que nada tienen que ver con el mundo y la generación limeña que Vargas Llosa revive en su historia, en especial la crueldad castrense para jóvenes muy “machos”, en el colegio militar Leoncio Prado, donde el autor consigue que todos seamos “perros”, es decir, los cadetes de tercer año, que son los auténticos protagonistas de esta novela. La maestría del autor consigue que como lectores nos convirtamos en un “leonciopradino” más. Indudablemente recomiendo su lectura.



Los primeros besos, la primera relación sexual, los fracasos, el clima de pugna entre hombres y mujeres comenzó a eclipsarse. Los muchachos ya no aguardaban el paso de las chicas para asustarlas y divertirse a su costa; al contrario, la aparición de una de ellas los complacía y despertaba una cordialidad tímida y balbuceante. Y a la inversa…



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