Andrei Platonov



Paseando por Rusia (10): 

La infausta vida del escritor proletario Andrei Platonov.
La caída en desgracia de un liriki (escritor y/o artista) en la Rusia comunista de su época.

La miseria y la búsqueda de la felicidad como tema fundamental en sus novelas.

       El protagonista de nuestra entrada de hoy responde a Andrei Platonovich Platonov, aunque sería conocido como Andrei Platonov y nació en la ciudad ferroviaria de Yamskaia Sloboda, debido a que su padre era un empleado del ferrocarril. Entre una cosa y otra trabajó en múltiples oficios, pero desde bien joven escribía poemas que el con toda la ilusión del mundo enviaba a diferentes publicaciones, siempre con el mismo resultado. Encantados… adiós y muy buenas, nada nuevo bajo el sol, dicho de otra manera, un auténtico letra herido de los pies a la cabeza, unos comienzos nada prometedores, pero en todos los sitios y países cuecen habas (fabes).


Estatua a Platonov (monumento en Voronezh)

       A raíz de la Revolución Rusa de 1917 los Platonov (padre e hijo) toman parte de la misma, y se ponen de parte del gran líder Lenin. Como buenos ferroviarios colaboran en el transporte de suministros y tropas a distintas partes del país, además, en la nevada Rusia las vías quedan muchas veces intransitables, y ellos dos (en compañía de muchas personas más claro está), colaboran en la limpieza de las mismas para que todo esté a punto.

       Muchas veces el que la sigue la consigue, y sus escritos obreros van viendo la luz. Le van publicando sus poemas, los artículos, relatos y ensayos, es verdadero todoterreno, ya es conocido, con un brillante futuro por delante, (parezco un discursante adormilando a mi auditorio.)

       A principios de los años 20.´s ya mostró sus primeros síntomas de rebeldía respecto a la forma de vida comunista, debido a que no le gustaban los privilegios de algunos miembros locales del Partido Comunista. Él iba poco a poco cumpliendo su objetivo de ser escritor (hermosa palabra esta…), llegando a ser reconocido como una de las mejores promesas de la literatura llamada proletaria.


       A Platonov trabajador incansable se le conocerá por dos grandes novelas: ‘Chevengur’y ‘La excavación’, pero no todo es tan bonito como parece, sí, siempre hay un PERO, y este consistía en que se criticaba al modelo burocrático estalinista, (mal negocio el de nuestro amigo, ya que el culto a la personalidad y al sistema del señor Stalin era lo más importante del mundo, y si alguno se atrevía a comentar algo diferente a lo establecido como decimos por aquí “te podía caer la del pulpo”.) La siempre temible NKVD (unos auténticos demonios dicho sea de paso) secuestraron la obra, por decir algo y Platonov nunca vio publicada en vida su obra. (Así funcionaba el maravilloso sistema Stalin y sus temibles purgas…) 



       Claro, Platonov cayó en desgracia como no podía ser de otra manera, nadie salía ileso cuando se metía en semejantes berenjenales con el sistema, quedando marcado por siempre jamás, y más aún cuando los pelotas y adláteres de turno empezaron a darle caña por arriba y por abajo. Ya sabéis la frasecita famosa, no tires un lapicero al suelo cuando se hallen presentes cierto tipo de personas porque… 



       Mantenía una buena relación con otro escritor caído también en desgracia. (Gorki) ¡Enhorabuena Stalin! Tu solito te has cargado a lo más granado de la cultura rusa, deberías ir derechito al infierno por… (Mejor callarse) A su amigo le escribe lo siguiente en uno de sus intercambios epistolares:

“Lo visité hace dos meses. Ahora le ruego que lea mi manuscrito. No lo publican (lo han rechazado en Federatsia), dicen que en la novela se representa la revolución de forma incorrecta y aun que toda la obra se interpretará como contrarrevolucionaria. Yo,  en cambio, he trabajado movido por otros sentimientos, y ahora no sé qué hacer”.

       De nada valieron sus quejas tanto a conocidos como a desconocidos el ‘Sistema’ establecido había tomado una decisión y sería llevada hasta el final con todas sus consecuencias. La verdad es que el hombre tiene muy mala suerte o que las cosas no le salían bien, también pudiera ser que estaba rodeado de unos verdaderos “maulas”, es decir pánfilos. Un claro ejemplo de esto fue con su novela ‘En provecho – Crónica de un hombre pobre’. Una vez efectuadas las correspondientes correcciones y llevadas a la imprenta los tipógrafos entiendes las mismas “a su manera”, liándola parda, bien parda. Cuando la obra reposa encima de la mesa de Stalin, sí aquella en donde destrozaba sus cigarrillos favoritos, los desmenuzaba para después introducir la picadura en una de sus pipas, entonces el bigotudo mandamás estalla lleno de ira, llenando con sus particulares anotaciones, (notas marginales, que en este caso sí que eran marginales de verdad) lo que opinaba de la novela del pobre Platonov y los apelativos, bastante calificativos de por sí eran por ejemplo los siguientes, una verdadera colección: vulgar, ramplón, bobo, sinvergüenza, tonto, villano, canalla, etc. etc… esto se le daba muy bien al señor Ego aparte de firmar en las noches en las cuales no podía dormir, (por algo sería) innumerables condenas a muerte. 


 Esta era la marca de cigarrilllos favorita de Stalin los "Herzegovina Flor", para desmenuzarlos dentro de su pipa Dunhill.


       En esas anotaciones, normales en un hombre que dudaba hasta de su sombra, mostró todas sus frustraciones para desahogarse con un liriki que tan solo contaba la realidad de lo que sucedía en su gran país que dicho sea de paso amaban con locura, lo amaban todos menos su dirigente el innombrable Stalin, una de las personas más funestas de la Historia Universal, que todavía hoy es difícil que pase al olvido.

       Enemigo del régimen, enemigo de Stalin, enemigo de lo soviético, estar en contra de todo aquello que suene a socialismo…, era un blanco perfecto para que recayesen sobre él todas las iras del Politburó. Naturalmente se vio obligado a “recular”, y vaya si reculó enviando cartas a todo “bicho viviente” pero no sirvió de nada. Además en la época de más terror, una de las más oscuras de Rusia, esa de las grandes purgas, donde muchos dormían vestidos para que nada les pillase por sorpresa, y que iban cargados de cigarrillos tanto para ellos como para sus “vigilantes” por las grandes noches de espera, Platonov (quiero pensar quiero pensar que en contra de su voluntad) escribió para desfavorecer a colegas suyos como Trotski, Rikov y alguno más que me dejo en el tintero, ya no valía la pena todos esos actos, su suerte ya estaba echada, y ese ‘ojo que todo ve’ lo tenía enfilado. 


Rikov: Revolucionario bolchevique y político soviético


       Detienen a su hijo que tan solo tiene quince años, otro acto de cobardía, de maldad, condenándolo a diez años de trabajos forzados en el Gulag de turno. Gracias a la intercesión de un amigo, de un buen amigo, de los de verdad, concretamente un diputado del Gran Soviet, llamado Mijail Sholojov (también novelista) consiguen que liberen de sus suplicios al joven Platón, pero ya es demasiado tarde. El muchacho tenía tuberculosis y fallece poco después, lamentablemente también había contagiado a su padre.

       En plena Segunda Guerra Mundial nuestro protagonista que fue movilizado y autorizado a volver a escribir, pero solo de aquellas cosas que interesan al Régimen, así que para el caso patatas, como si no lo hiciera. En esta época es herido y cómo se va agravando su tuberculosis es licenciado. 

Mijail Sholojov

       Este hombre fiel a sus principios, así mismo no como otros que disfrutaron de privilegios pese a ser unos viles miserables, muere en 1951, como lo hacen todos los genios, todos los grandes, todos aquellos que han sido consecuentes con sus vidas, es decir pobre, marcado por un sistema dictatorial, rechazado por la mayoría de congéneres, en la más absoluta miseria, alcoholizado y en al más absoluto anonimato.

       Hasta que no llegó la ya tan manida Perestroika los rusos con cierto interés en su magna literatura, (una de las mejores del mundo, dicho sea de paso) no pudieron disfrutar de sus obras, y de lo importante que eran. Como siempre y casi siempre rehabilitan a los autores tarde, mal y nunca.

       La política muchas veces destroza la cultura, y separa a los hombres, a los pueblos, señalándonos como buenos o malos según su antojo, según las circunstancias, según unos criterios que no tienen ni pies ni cabeza, llenándolos de ignonimia. Malditos sean todos estos espantajos que todo lo corrompen, apartándonos muchas veces de autores y obras que pueden ser importantísimos para nuestras vidas, cultura y conocimientos, pero ellos juegan con esto a su antojo. Simplemente lamentable. 



“El arte consiste en expresar lo que es más complicado por el medio más simple. Es la forma más elevada de economía.”
(Andrei Platonov)

Estimado Platonov allí donde estés, este “pequeño guisante” rocker y amante de los libros te quiere decir una cosa. Tú pensabas que los hombres podían ser diferentes, y que al mismo tiempo podían estar o mantenerse unidos. Eso es una verdadera Utopía, mientras los malditos gobiernos sigan jugando con la gente, contando sus mentiras según les convenga, a su antojo, y perdona por lo que te voy a decir…jugando con la misma ignorancia de la gente, seguiremos funcionando como el culo, así nos va y seguirá yendo. Nosotros somos el único animal que tropezamos dos veces con la misma piedra.



       

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